LA TRANSCULTURALIDAD FRENTE A LA INTERCULTURALIDAD
Y MULTICULTURALIDAD
Gracino
Gonzales defiende que el fenómeno de la “interculturalidad”, mas allá de lo que
se pone de manifestó en el término
ambiguo de “multiculturalismo”, representa uno de los espacios privilegiados de
reflexión sobre los nuevos modos de ser y estar en nuestra realidad
postmoderna. De esta forma, la
interculturalidad a la vez que nos obliga a hacer una revisión profunda de conceptos
centrales como los de cultura, identidad y subjetividad. Debe proporcionados de por si una nueva visión
del mundo y una nueva estructuración social que permita formas alternativas a
esos modos de ser y estar que he
descrito desde la desconstrucción critica del multiculturalismo. Intentare para
finalizar mostrar como los nuevos valores dialógicos y hermenéuticos de la interculturalidad y o la
transcuturalidad pueden conducirnos hacia esa experiencia que el citado autor eleva al plano de una
nueva categoría moral.
El prefijo “trans” frente al “inter”, en ese
lugar dinámico de entrecruzamientos diversos donde emergemos siempre “en”, “a través”,
“para” y “con” el “otro”, donde nos proyectamos como siempre en relación a los demás,
donde solo ”somos” lo que nos marca el sentido y la dirección de las
interacciones en las que participamos dentro del infinito juego del “ir siendo”
desde la “alteridad”, el “trans” compensa en mi modesta opinión, las
connotaciones estáticas y estructurales del “inter”. Insistimos en ello, en
este modelo alternativo de pensamiento dialógico, el “a través de” y el “al otro
lado” al que se refiere el prefijo “trans” revela con mayor precisión conceptual esa relación desde la
que nos vamos haciendo y re-haciendo desde la reciprocidad asimétrica y
diferencial con el “otro” y lo “otro”. Pensemos también con el Diccionario de
la Real Academia Española en la mano que el prefijo “inter”, contiguo a la preposición
“entre” denota precisamente eso, “en medio” o “entre varios”, es decir, que
presupone la pre-existencia (metafísica) de los elementos o entidades que
enlazan, a posterior, en ese “intermedio”.
Como
los citados autores recuerdan, el concepto hermenéutico de “transculturalidad”
tiene su origen hacia 1940 en el dialogo establecido por el investigador cubano
Fernando Ortiz con la tradición funcionalistica, organicista y presentista,
predominante en el panorama antropológico
anglosajon de la época. En su equivalencia con el cubanismo “contrapunteo” que
da titulo a su trabajo[1]. Ortiz sugerirá la acuñación
de la noción de “transculturación” para incidir en el sentido dinámico de los
procesos de transacción intercultural
desde que se estudian los fenómenos de evolución histórica determinada por las múltiples incorporaciones y apropiaciones.
Ortiz
delinea con su concepto de “transculturación” representa uno de los primeros
cimientos de ese pensamiento anti-etnocentrista a partir del cual emplazar
el desenvolvimiento histórico de las culturas en ese doble proceso de “desculturación-exculturacion”
e “incultruacion-neoculturacion” como los dos
momentos lógicos de la propia dinámica transculturizadora. Muy adecuado
según al parecen del autor, a la complejidad histórica cubana,
el neologismo de “transculturación” expresarla en síntesis, el proceso de transición
de unas culturas con respecto a otras,
lo cual no consiste solamente en
adquirir una distinta cultura, que es lo que en rigor indica la voz angloamericana
aculturación, sino que el proceso implica también necesariamente
la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, y edemas significa la
consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse neoculturación.
La nueva
transculturalidad alternativa al multiculturalismo de la segregación que se he venido
“interpretando” de forma crítica debe hacer valer, ante todo, el dialogo como único posible lugar , no de una “verdad absoluta”,
sino de un “conocimiento verdadero”,
autocomprensivo y heterocomprensvio, relativo en cuanto referido a la
contingencia de la interpretación como
apertura al “otro” y objetivo, en cuanto no sometido a las exigencias de una “sujeto” metafísico, sino abierto a la
complementariedad cooperativa de los puntos
de vista espacial, temporal y simbólica emplazados. Debe servir también hoy día para trabajar, de manera conjunta en
una visión compleja, múltiple, cambiante y heterogénea de la identidad. Para ello,
me parece fundamental el estímulo transformador de la “interpretación”.
Cuando
este transculturalismo alcance nuevos niveles estaremos ante la posibilidad de concebir,
de construir colectivamente ese “otro” “multiculturalismo crítico”. La transculturalidad
tal y como se ha esbozado, podrá convertirse, en resumidas cuentas, en un auténtico instrumento de “resistencia multicultural”
frente al Capitalismo Totalitario Imperial. Y por otra parte llegar a ser el principal punto de apoyo desde el que implementar esa narrativa mediadora entre la exaltación dominadora,
excluye y explotadora de la homogeneización
global, de una parte y la respuesta local, generalmente reactiva esencialista y
al fin y al cabo, también excluyente, de
otra como lo es el “multiculturalismo” no se manifieste como culturas separadas
sino como interlocutores con aquellos
con los que estamos en conflicto o buscamos vivir en armonía.
[1] Se
trata de Contrapunteo cubano del tabaco y el trabajo, donde Fernando Ortiz aclara “contrapunteo es cubanismo de contrapunteó
– técnica musical en la que se combinan partes
o voces simultáneamente y
resulten en una textura armonica pero su definición original se refiere al contenido verbal de una disputa” (Ortiz,
2002:26-27). Resulta interesante
observar la forma en que la definición recoge la doble perspectiva integradora y opositora que caracteriza cualquier concepción relacional
de lo intercultural.
BIBLIOGRAFIA
ORTIZ, Fernando, Contrapuento cubano del tabaco y el azúcar, (2002), Madrid, Catedra.

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