jueves, 9 de junio de 2016

LA TRANSCULTURALIDAD FRENTE A LA INTERCULTURALIDAD Y MULTICULTURALIDAD
Gracino Gonzales defiende que el fenómeno de la “interculturalidad”, mas allá de lo que se pone de manifestó  en el término ambiguo de “multiculturalismo”, representa uno de los espacios privilegiados de reflexión sobre los nuevos modos de ser y estar en nuestra realidad postmoderna.  De esta forma, la interculturalidad a la vez que nos obliga a hacer una revisión profunda de conceptos centrales como los de cultura, identidad y subjetividad.  Debe proporcionados de por si una nueva visión del mundo y una nueva estructuración social que permita formas alternativas a esos modos  de ser y estar que he descrito desde la desconstrucción critica del multiculturalismo. Intentare para finalizar mostrar como los nuevos valores dialógicos y hermenéuticos  de la interculturalidad y o la transcuturalidad pueden conducirnos hacia esa experiencia  que el citado autor eleva al plano de una nueva categoría moral.
El  prefijo “trans” frente al “inter”, en ese lugar dinámico de entrecruzamientos diversos donde emergemos siempre “en”, “a través”, “para” y “con” el “otro”, donde nos proyectamos como siempre en relación a los demás, donde solo ”somos” lo que nos marca el sentido y la dirección de las interacciones en las que participamos dentro del infinito juego del “ir siendo” desde la “alteridad”, el “trans” compensa en mi modesta opinión, las connotaciones estáticas y estructurales del “inter”. Insistimos en ello, en este modelo alternativo de pensamiento dialógico, el “a través de” y el “al otro lado” al que se refiere el prefijo “trans” revela con mayor  precisión conceptual esa relación desde la que nos vamos haciendo y re-haciendo desde la reciprocidad asimétrica y diferencial con el “otro” y lo “otro”. Pensemos también con el Diccionario de la Real Academia Española en la mano que el prefijo “inter”, contiguo a la preposición “entre” denota precisamente eso, “en medio” o “entre varios”, es decir, que presupone la pre-existencia (metafísica) de los elementos o entidades que enlazan, a posterior, en ese “intermedio”.
Como los citados autores recuerdan, el concepto hermenéutico de “transculturalidad” tiene su origen hacia 1940 en el dialogo establecido por el investigador cubano Fernando Ortiz con la tradición funcionalistica, organicista y presentista, predominante  en el panorama antropológico anglosajon de la época. En su equivalencia con el cubanismo “contrapunteo” que da titulo a su trabajo[1]. Ortiz sugerirá la acuñación de la noción de “transculturación” para incidir en el sentido dinámico de los procesos  de transacción intercultural desde que se estudian los fenómenos de evolución histórica  determinada por las múltiples  incorporaciones y apropiaciones.
Ortiz delinea con su concepto de “transculturación” representa uno de los primeros cimientos  de ese pensamiento  anti-etnocentrista a partir del cual emplazar el desenvolvimiento histórico de las culturas en ese doble proceso de “desculturación-exculturacion” e “incultruacion-neoculturacion” como los dos  momentos lógicos de la propia dinámica transculturizadora. Muy adecuado según  al parecen  del autor, a la complejidad histórica cubana, el neologismo de “transculturación” expresarla en síntesis, el proceso de transición de unas culturas con respecto  a otras, lo cual  no consiste solamente en adquirir una distinta cultura, que es lo que en rigor indica la voz angloamericana aculturación, sino que el proceso implica también  necesariamente  la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, y edemas significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales  que pudieran denominarse neoculturación.
La nueva transculturalidad alternativa al multiculturalismo de la segregación que se he venido “interpretando” de forma crítica debe hacer valer, ante todo, el dialogo  como único  posible lugar , no de una “verdad absoluta”, sino  de un “conocimiento verdadero”, autocomprensivo y heterocomprensvio, relativo en cuanto referido a la contingencia  de la interpretación como apertura al “otro” y objetivo, en cuanto no sometido  a las exigencias  de una “sujeto” metafísico, sino abierto a la complementariedad cooperativa de los puntos  de vista espacial, temporal y simbólica emplazados. Debe servir también  hoy día para trabajar, de manera conjunta en una visión compleja, múltiple, cambiante y heterogénea de la identidad. Para ello, me parece fundamental el estímulo transformador de la “interpretación”.
Cuando este transculturalismo alcance nuevos niveles estaremos ante la posibilidad de concebir, de construir colectivamente ese “otro” “multiculturalismo crítico”. La transculturalidad tal y como se ha esbozado, podrá convertirse, en resumidas cuentas, en un auténtico  instrumento de “resistencia multicultural” frente al Capitalismo Totalitario Imperial. Y por otra parte  llegar a ser el principal  punto de apoyo desde el que implementar  esa narrativa mediadora entre la exaltación dominadora, excluye  y explotadora de la homogeneización global, de una parte y la respuesta local, generalmente reactiva esencialista y al fin y al cabo, también  excluyente, de otra como lo es el “multiculturalismo” no se manifieste como culturas separadas sino como interlocutores con aquellos  con los que estamos en conflicto o buscamos vivir en armonía.







[1] Se trata de Contrapunteo cubano del tabaco y el trabajo, donde Fernando Ortiz  aclara “contrapunteo es cubanismo de contrapunteó – técnica musical en la que se combinan partes  o voces  simultáneamente y resulten en una textura armonica pero su definición  original se refiere  al contenido verbal de una disputa” (Ortiz, 2002:26-27). Resulta interesante  observar la forma en que la definición recoge  la doble perspectiva integradora y opositora  que caracteriza cualquier concepción relacional de lo intercultural.


BIBLIOGRAFIA

ORTIZ, Fernando, Contrapuento cubano del tabaco y el azúcar, (2002), Madrid, Catedra.










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